martes, diciembre 08, 2009
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by Silvia

Ahogarme entre mis lágrimas.
renacer de mis cenizas,
dejar que la nueva vida
venga detrás de la muerte.
Y con un poco de suerte
tu rostro no se me olvida,
de modo que tus caricias
en mi piel queden grabadas.
domingo, diciembre 06, 2009
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by Silvia

-Sé que por mucho que me esfuerce nunca encajaré en ningún sitio.
-¿Aún te das cuenta ahora?
- ...
-Qué inocente eres.
martes, diciembre 01, 2009
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by Silvia

Quiero echarme a volar sin pensarlo primero,
un día sin luz y una noche de invierno,
sentarme a tu lado y lanzarte mil besos,
y que nunca vuelvas a echarme de menos.
Yo sé que sin ti soy sólo un trapo viejo,
sé que contigo sólo me desespero,
tú dame tu mano y un poco de tiempo,
verás como todo va bien sin tropiezos.
Yo quiero rozar las nubes con un dedo,
yo quiero probar el sabor de tus besos,
quedarme dormida, que tú me despiertes,
y con telepatía unir nuestras mentes.
Estos versos se los voy a dedicar,
a mi querida amiga la Libertad,
que como todas las cosas viene y va,
y que todos persiguen sin cesar.
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P.D.: Paciencia, no seáis muy duros... es mi primer poema! :)
martes, diciembre 01, 2009
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by Silvia

A veces veo a Eva desde la ventana de mi cuarto. Sale con su perro a pasear y lo lleva a la playa. Eva ya no es ninguna niña, ya tiene dieciséis años y bastante camino recorrido en la vida. En todos estos años ha reído, ha llorado, ha sufrido, ha saltado de alegría, se ha desesperado y se ha (des)ilusionado. Nadie había estado a su lado en todos esos momentos, nadie excepto su perro Goofy. A él le debe muchas cosas.
Gracias a Goofy sus momentos de soledad no habían sido tan solitarios, y sus sonrisas no habían sido efímeras. La madre de Eva le había cogido casi tanto cariño como ella, ahora tampoco se imaginaba una vida sin su compañía; había dejado de disimular que no le agradaba el perro hace tiempo, supongo que ya no aguantaba más tiempo escondida tras esa dura máscara. Aunque el padre de Eva ya no estuviese entre ellos, ella lo seguía recordando y dándole las gracias por aquel regalo que un buen día cambió su vida. Cuando tenía nueve años, se había prometido a si misma que nunca abandonaría a aquel animal y que lo querría más que a su propia vida, y Eva no era una chica que rompiera sus promesas.
Caminan al atardecer, mientras sus sombras se alargan en la distancia. Goofy sigue a su amiga moviendo el rabo, como hace siempre que está contento. Eva se gira y le dedica una alegre sonrisa.
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A Lucía Martín y a su perro Niebla, a Keny y su dueña Laura Charlín. A mi madre por cogerle cariño al perro, a mi padre por regalármelo y a mi hermano por tener uno antes que yo. Ah! Y por supuesto a mi perro Goofy [foto].
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HISTORIA BASADA EN HECHOS REALES.
domingo, noviembre 29, 2009
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by Silvia

Se hacía de noche y debían regresar a casa. Eva cogió al perro en brazos y, caminando junto a su padre, se dirigió a su casa. Le contó a su padre que temía que su madre rechazara al animal, y aunque él estuviese pensando lo mismo, intentó tranquilizarla. Ya habían llegado a su calle y su padre buscaba las llaves en el bolsillo de su cazadora. Abrió el portal y los dos entraron con recelo, no sabían bien que iban a decirle a la madre cuando viese al cachorro. Entraron de la mano en casa y llegaron hasta la cocina, donde la mujer estaba haciendo la cena. Cuando ésta vió a la niña con el perro, se enfadó y miró con reproche a su marido. ¡No podía creer que hubieran traído un perro a su casa!
Su marido le explicó que un compañero de trabajo se lo había regalado, ya que su perra había tenido cachorros y no podía quedárselos todos. Aunque seguía enfadada, la cara de la mujer se fue suavizando al ver el feliz rostro de la niña, que no había parado de sonreír ni un solo momento. Pensó que si a la niña le gustaba ¿por qué no a ella? Además, era tan bonito aquel perro tan pequeño... le costaba admitir que algo que afirmaba odiar le fuese pareciendo un poco más agradable. Lo único que dijo fue:
- Bueno, ahora que lo habéis traído habrá que ponerle un nombre, ¿no?
La niña se echó a reír, al ver que su madre por fin había cedido. Miró contenta a su padre, y dejando al animal en la alfombra, corrió a abrazar a su madre. Después de un largo rato pensando posibles nombres para el perrito a Eva se le ocurrió uno que le recordaba a unos dibujos animados que ella veía cuando era más pequeña.
- ¿Y si le llamamos Goofy? Me gusta mucho ese nombre -dijo Eva sonriendo-.
- Si a ti te gusta adelante, es tu perro -contestó su padre-.
- ¿Creéis que a él le gustará? ¡Goofy, ven! -le dijo la niña al perro-.
El perro no le hizo caso, pero se puso a mover el rabo en señal de alegría. Su madre le estaba dando un poco de leche que el animal bebía rápidamente. Eva fue a su habitación y cogió una pequeña manta, la puso en el suelo y dejó allí a Goofy, que dando unas cuantas vueltas, se acostó hecho un ovillo. Eva nunca había visto una imagen tan bonita como aquella. Sabía que aquel perro se convertiría en uno de sus mejores amigos, y que su amistad duraría para siempre.
Continuará...
domingo, noviembre 29, 2009
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by Silvia

Un día de verano, cuando Eva estaba jugando en la casa de su vecina, vió algo que rara vez ocurría. Su padre se acercaba hablando con el padre de su amiga, cuando tendría que estar en el pueblo trabajando. Llevaba algo en la mano, parecía una caja de cartón, con varios agujeros cuya utilidad Eva ignoraba. Entonces se levantó del verde césped y fue corriendo a abrazar a su padre, al que quería muchísimo.
- ¡Hola papá! ¿Qué llevas en esa cajita, es algo del trabajo?
- No hija, es algo que te he traído... Espero que te guste o tendré que devolverlo -dijo guiñándole un ojo a la muchacha-.
- No lo creo papi, tú ya sabes que a mi me encantan los regalos -contestó la niña ilusionada-.
-¡Anda, ábrelo! -insistió su padre, dejando cuidadosamente la caja en la hierba-.
Cuando Eva levantó despacio la tapa de la caja y vió aquel pequeño perrito, enmudeció de sorpresa, abrazando a su padre con alegría. Aquel precioso animal era suyo, ¡por fin tenía un perro! Tenía el pelo a manchas blancas y negras, ¡era el perro más bonito que había visto nunca! El pobre estaba en una esquina de la caja temblando, seguro que tenía miedo de todas aquellas personas que lo rodeaban. Cuando Eva lo cogió y lo puso sobre la hierba, el cachorro dio cuatro pasos tambaleándose, todavía era muy pequeño, no tendría ni un mes. Eva lo miraba sonriente, sin poder creer que su sueño se hubiera cumplido. De repente recordó el problema de todo aquello... su madre.
Continuará...
sábado, noviembre 28, 2009
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by Silvia

Eva, una niña de nueve años, tenía un sueño. Siempre había deseado tener un perro. Por las tardes, solía ir a jugar a casa de sus vecinas, con cuyos perros jugaba y se divertía. Pero su madre, desde bien pequeña le había dejado claro que ella nunca tendría uno, pues odiaba estos animales. Eva se disgustaba mucho cuando caía la noche y tenía que volver a su casa, ¡adoraba jugar con Keny y Niebla! A pesar de lo mucho que lo deseaba y por mucho que se lo rogaba a su madre, ella nunca cedía ignorando sus llantos.
La madre de Eva, aunque pueda parecer insensible hasta cierto punto, tenía un buen motivo para ignorar el sueño de su hija. Los perros, como casi todos los animales, le daban miedo. Todo se debía a una mala experiencia con su anterior mascota, a la que había tenido que regalar debido a su temor. Cuando el hermano mayor de Eva aún era un niño, le habían comprado un perro pequeño ignorando que el animal crecería bastante, y a medida que se fue haciendo grande el temor de su madre aumentaba, a pesar de que era un animal muy dócil. Esta experiencia anterior ahora perjudicaba a Eva, quien, un poco celosa, se quejaba tristemente de que su hermano sí hubiera tenido la oportunidad de tener una mascota. A veces desearía haber nacido la primera.
Continuará...
viernes, noviembre 27, 2009
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by Silvia

¿Nunca os habéis sentido tan mal como para desear la muerte? Así fue como me sentí en aquel momento. Mi cerebro no podía asimilar tan duro golpe. Él, mi mejor amigo, el que siempre me había apoyado, estaba muerto. Muerto.
Lo conocía desde los tres años, y, desde entonces, nunca nos habíamos separado. En el colegio los niños siempre nos decían que éramos novios, pero nosotros no les hacíamos caso. En el fondo yo pensaba que me encantaría tener un novio tan bueno como él, que me ayudara y comprendiera tan bien como él lo hacía.
Era él el que escuchaba mis dilemas morales y el que sabía mostrarme el lado positivo de las cosas, por muy malas que éstas fueran. Sabía alegrarme el día con cualquiera de sus chistes ilógicos, siempre me sacaba una sonrisa. Ahora todo eso ha terminado. Ya no volveré a buscarle para ir al instituto, para coger el autobús o dar una vuelta en bicicleta. Él se ha muerto, y una parte de mi alma también se ha marchado con él.
Me muero, me consumo poco a poco, la llama de mi vida se apaga, se apaga, se apaga para no volver a vivir jamás. Nunca pensé que moriría de tristeza, ahora sé que es posible.
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A Víctor Nine
martes, noviembre 24, 2009
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by Silvia

Eres muy rara.
Te pasas la tarde sin hacer nada cuando sabes perfectamente que luego no te dará tiempo a terminarlo todo; te quedas dormida encima de la cama mientras lees un triste libro aburrido que te han mandado, y sigues soñando las mismas tonterías de siempre. Luego te despiertas y haces que estudias cuando tu madre entra en la habitación, sabiendo que en cuanto salga cerrarás el libro. Más tarde te vas a duchar, ya se te ha pasado la tarde. Si tienes ganas, cenas, y si no vuelves a tu cuarto a no hacer nada. Piensas que estás desaprovechando tu vida pero no haces nada por evitarlo, te da igual, ya nada parece importante.
Abres la persiana y ves como la noche se come tu mundo, y solo queda luz en aquella estrella. La miras y deseas que todo vuelva a ser como antes, que vuelvas a sentirte útil y capaz. Enciendes la lámpara y te sientas en la cama a escribir todo aquello que no te atreves a confesar en voz alta y que sólo un papel podría comprender. Pasan las horas, y tú sigues ahí despierta; para cuando logras conciliar el sueño, ya son más de las cinco. Sólo te quedan dos horas hasta que el ruido de ese horrible despertador irrumpa en tu cabeza mientras sientes que ya no aguantas más.
Bienvenida a tu rutina.
lunes, noviembre 23, 2009
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by Silvia

Inventaré mi propio mundo, un lugar en dónde nadie te pregunte qué te pasa cuando lloras, en donde no te tengas que arrepentir de ninguno de tus actos.